La crisis con Irán volvió a dejar una imagen cada vez más habitual en la política internacional: el mundo pendiente de una publicación en una red social. Durante las semanas de mayor tensión, Donald Trump utilizó Truth Social para anunciar plazos, lanzar amenazas, confirmar ataques, abrir la puerta a negociaciones o anticipar decisiones que, tradicionalmente, habrían llegado a través de comparecencias oficiales o comunicados de la Casa Blanca.
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La visita del rey Felipe VI a México con motivo del Mundial de Fútbol de 2026 marcó mucho más que un encuentro protocolario. También simbolizó un cambio en la narrativa del Gobierno mexicano respecto a España. Después de varios años en los que la relación bilateral estuvo marcada por la confrontación simbólica, la Presidencia aprovechó un acontecimiento de alcance internacional para proyectar una imagen de diálogo y normalidad institucional. La agenda política nunca permanece inmóvil. Pedro Sánchez aprovechó la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán para disputar la conversación pública en un momento especialmente delicado para el Gobierno, marcado desde hacía meses por las informaciones sobre presuntos casos de corrupción que afectan al PSOE y a personas de su entorno político. La disputa entre Donald Trump y Jerome Powell ha trascendido lo económico para convertirse en un pulso comunicativo. El presidente de Estados Unidos busca moldear la narrativa pública sobre la Reserva Federal, mientras su titular intenta preservar independencia y credibilidad. Más allá de una discusión técnica, estamos ante un choque de estilos y estrategias de comunicación con impacto global. En un momento especialmente sensible, Pedro Sánchez reapareció ante las cámaras desde la sede de Ferraz para responder a la crisis abierta tras el informe de la UCO que implica directamente a Santos Cerdán, hasta minutos antes, secretario de Organización del PSOE. Lo hizo con un tono sobrio y medido, pero no en calidad de presidente del Gobierno, sino como secretario general de su partido. Esa elección no es casual: responde a una estrategia clara de contención y reencuadre del conflicto. En apenas unos meses desde que retomó la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha demostrado que no necesita grandes leyes ni gestos diplomáticos para hacer temblar al mundo. Le basta con hablar. O mejor dicho, con elegir cuidadosamente qué decir, cuándo decirlo y a quién apuntar. Su regreso al poder ha estado marcado por una estrategia de comunicación que va mucho más allá del espectáculo: es una herramienta de control. Y la está usando con una precisión quirúrgica. En el terreno de la política, hay discursos que te invitan a sentirte orgulloso de lo que eres y otros que te impulsan a imaginar todo lo que podrías llegar a ser. No es casualidad. La política se construye con palabras, símbolos y emociones. Y hay dos caminos que los líderes suelen tomar para conectar con la ciudadanía: el conformismo y el idealismo. No como posturas filosóficas abstractas, sino como estrategias de comunicación política muy reales, muy palpables y, sobre todo, muy efectivas. Desde que Elon Musk compró la red social X (antes Twitter), no han parado las críticas y los titulares. Políticos, analistas y figuras públicas de todo el mundo le han pedido una y otra vez que no influya en los procesos electorales desde la plataforma. Pero aquí hay algo importante que a veces se pasa por alto: X es una empresa privada, con todo lo que eso implica. En medio de un paisaje devastado por la Dana, con familias enfrentando pérdidas incalculables y comunidades enteras luchando por recuperar la normalidad, el Rey Felipe VI demostró que el liderazgo va más allá de los discursos y los gestos vacíos. En un momento de tensión social, donde la indignación de los ciudadanos hacia la clase política estaba a flor de piel, el tiempo acabó demostrando que el monarca sobresalió como un verdadero líder. Las campañas electorales en México han tomado una nueva forma, una que se asemeja más a una guerra de desgaste que a una competencia de propuestas y visión política. El proceso que culminó con las elecciones del 2 de junio es un claro ejemplo de ello, extendiéndose por varios meses y consumiendo los recursos tanto de los partidos políticos como de la paciencia ciudadana. |
Miguel Ángel Matilla Blanco:
asesor de comunicación estratégica; formador; escritor Categorías
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